Alcanzar la Excelencia Empresarial o cómo ser una empresa dos veces buena

17 Feb2017
Descubre con Improven las claves para que tu empresa sea dos veces buena

18 años de trayectoria como empresa de consultoría de negocio dan para mucho y para muchos proyectos llevados a cabo con organizaciones que se encontraban en muy distintas fases de su evolución. Todas estas experiencias suponen miles de decisiones tomadas y el paso del tiempo nos ha permitido conocer qué decisiones se tomaron correctamente y cuáles no, conformando el conjunto de todas ellas la causa de la actual situación de cada una de las compañías.

proyectos en empresas en distintas fases

Es necesario que definamos el plan de acción con objetivos concretos que abordar. Clic para tuitear

Cada una de las fases requiere la aplicación de manera inmediata de diferentes tipos de acciones que nos garanticen la sostenibilidad de la empresa. Es necesario que definamos el plan de acción con objetivos concretos que abordar en el medio y largo plazo y para ello es imprescindible que tengamos una visión clara de cómo somos como empresa. Me permito sintetizar en la siguiente clasificación 4 categorías de empresas, como podemos ver en el siguiente gráfico:

Oficio

En el cuadrante número 1 nos encontramos las Buenas Empresas, a las que yo llamo Empresas con Oficio. Una Empresa con Oficio es aquella en la que su propuesta de valor se asienta en ciertas competencias entre las que principalmente destaca el arte. En estas empresas el conocimiento está concentrado y se traspasa de unos a otros por contacto directo a lo largo de los años. Este conocimiento se caracteriza por no estar accesible, es decir, depende del momento y el lugar para que éste se pueda transmitir y no se hará con cualquiera. Son empresas experimentadas, con muchos años en el mercado, veteranía y maestría, en las que existe un cariño por las cosas, por cuidar los detalles. Su entorno es cerrado, tradicional, “familiar”, excluyente a nuevas influencias y en las que podríamos destacar el esfuerzo, el sacrificio y el compromiso como principales valores. Nos encontramos por tanto en este primer cuadrante a muchas empresas Familiares.

En el cuadrante número 2 se encuentran las empresas totalmente orientadas a la maximización de los resultados obtenidos gracias a la optimización del uso de los recursos, y por tanto con altos grados de eficiencia. Son las Empresas Buenas, totalmente procedimentadas, estandarizadas, abiertas al nuevo conocimientoaltamente profesionalizadas y exigentes, en las que la búsqueda permanente de las mejores prácticas en cada área funcional (ventas, operaciones, finanzas,…) para reducir costes y maximizar los ingresos es el modus operandi de la compañía. Este grupo está formado principalmente por empresas participadas por capital riesgo o por multinacionales.

El cuadrante número 3 lo componen las “Empresa Especuladoras” que son aquellas que actúan por puro interés económico cortoplacista e individual. Tienen una cultura extractiva por parte de los diferentes colectivos de la empresa, desde la propiedad y el consejo de administración, pasando por la dirección e impregnando a todo el personal. Cada parte sólo mira por sus propios intereses, generando un entono de desconfianza interna que va calando en el mercado y por tanto la lleva a su muerte progresiva y nula sostenibilidad.

Las Empresa Especuladoras que son aquellas que actúan por puro interés económico cortoplacista. Clic para tuitear

Por ultimo, el cuadrante 4 pertenece al grupo que podemos llamar las Buenas empresas Buenas, y por tanto, de las empresas EXCELENTES. Estas están determinadas por la perfecta combinación de las características de las empresas con oficio y las empresas eficientes. Coger lo mejor de cada cuadrante, una empresa familiar con arraigados valores y gestionada con criterios profesionales, y una multinacional, profesionalizada, impregnada de esos valores familiares, es sin duda, una magnífica combinación que nos hará alcanzar la excelencia.

Estando ya clasificados en uno de estos 4 grupos, ¿Te parece si determinamos las acciones o retos que conviene poner en marcha y que nos permitan así lograr ser lo que llamamos una Empresa Doblemente Buena?

Los 7 retos a los que se enfrenta la Buena Empresa, son:

1. Revisión de la propuesta de valor.

El giro radical del entorno de los últimos años ha cambiado completamente las necesidades de los clientes y esto dificulta enormemente satisfacer de manera adecuada sus expectativas. Desarrollar el área de Marketing Experience o Conocimiento del cliente es una tarea prioritaria que no debemos delegar en el canal y hay que asumir como propia.

2. Reducción de los excesos de compromisos personales y familiares.

No se premia al más capacitado sino al más fiel y en muchas ocasiones se dejan de tomar decisiones profesionales por compromisos familiares y/o personales que van debilitando a la compañía. Se requiere un equipo directivo que mantenga los valores del oficio e incorpore profesionalidad y exigencia. Familiares profesionales y profesionales con los valores de la familia. Poner en marcha un proyecto de evaluación y desarrollo adecuado a las necesidades de la empresa para abordar el medio y largo plazo es una acción que debemos poner en marcha.

Se requiere un equipo directivo que mantenga los valores del oficio e incorpore profesionalidad y exigencia. Clic para tuitear

3. Conformación de un equipo más compensado al que se incorpore nuevos conocimientos.

Por lo general nos encontramos mandos intermedios con un bajo potencial de crecimiento consecuencia de la gestión paternalista que no ha permitido su desarrollo. En estas empresas nos hemos encontrado con demasiada frecuencia planteamientos como “este es demasiado inquieto y me durará poco». El permitir y potenciar el desarrollo de estos mandos intermedios es básico para, por ejemplo, abordar con éxito procesos de internacionalización o innovación, en los que el equipo juega un papel clave.

4. Dotar a la compañía de sistemas que permitan que fluya el conocimiento.

Para ello es absolutamente necesario llevar a cabo 3 acciones: realizar un plan adecuado de formación, estandarizar los procesos e incluir el máximo de información en los sistemas “oficiales” de la empresa (ERP) y menos en libretas y excels personales.

5. Mantener, fomentar y comunicar los valores de esfuerzo, sacrificio, compromiso y ambición.

Con cambios generacionales es normal que se vayan perdiendo los valores que fundamentaron los inicios de la empresa y que no se han sabido transmitir de manera correcta y planificada.

6. Aplicar las mejores prácticas en cada una de las áreas (marketing, ventas, finanzas, operaciones, tecnología…) 

En este momento el mercado no está dispuesto a pagar de más, por lo que ser eficiente internamente es una «absoluta condición de supervivencia» y en absoluto una ventaja competitiva.

7. Por último, actualizar las herramientas de gestión y la orientación a rentabilidad y resultados.

Disponer de información actualizada, cuadros de mandos, rentabilidad por unidad de negocio, control presupuestario, análisis de desviaciones es indispensable para la correcta toma de decisiones y para el correcto devenir de la empresa.

Por otro lado, las empresas buenas y por tanto con foco en la eficiencia se enfrentan principalmente a 4 retos:

1. Riesgo de sostenibilidad a medio- largo plazo por un exceso de visión cortoplacista.

La exigencia de rentabilidad y resultados inmediatos conlleva a una toma de decisiones con despersonalismo progresivo, lo que desemboca necesariamente en una pérdida de identificación con la compañía. Una de las consecuencias de este tipo de gestión es la indeseada y tan costosa alta rotación, así como al funcionariado de los que se quedan y que ven en el mantenimiento de su puesto de trabajo que ya conocen y que les resulta cómodo su única vinculación con la compañía.

2. Equipo directivo muy orientado a resultados y a su retribución variable por consecución de los mismos.

Es crítico en este caso determinar retribuciones no sólo económicas sino también vinculadas a la sostenibilidad del negocio a largo plazo, así como la posibilidad de hacerles partícipes societariamente como medio para incrementar su vinculación y su compromiso. La toma de decisiones sin compromiso de permanencia puede llevar a la empresa a situaciones límite ya que los malos resultados se quedarán en la compañía pero las personas que los toman es muy posible que no.

3. Mitigar el individualismo y el aislamiento departamental.

La política retributiva debe estar vinculada a objetivos globales compartidos por las distintas áreas de negocio, así como también fomentar el trabajo interdepartamental.

4. Desarrollar programas de polivalencia y transversalidad

Un plan que fomente la interacción entre las áreas así como la capacidad de negociar con la visión de un bien común superior al individual.

En último lugar, las empresas especuladoras deben sufrir una transmutación muy profunda para poder revertir la situación en la que se encuentran. Si estamos en fases primarias es conveniente detectar en qué medida estos síntomas están apareciendo y que se genere una sensación de urgencia suficiente como para que se replantee en qué medida se está entrando en una espiral negativa de la que puede llegar a ser muy difícil salir.

Un correcto equilibrio entre los factores “valores y eficiencia” es clave para afrontar con las máximas garantías de éxito los próximo años. Lo que una empresa es en la actualidad se debe a una serie de decisiones tomadas y no tomadas en el pasado, pues es sabido que no tomar decisiones es decidir igualmente. Independientemente que hoy podamos o no encontrarnos en una situación más o menos tranquila para los tiempos que corren, nos sigue quedando mucho camino por delante para seguir mejorando nuestra posición competitiva. Las empresas debemos estar preparadas para seguir afrontando procesos que vayan desde una mera supervivencia hasta procesos de internacionalización, de innovación, de digitalización.

El reto sin duda de la empresa doblemente buena es que se conforme, que se duerma en los laureles como comúnmente se dice. Atreverse a romper con el “techo de cristal” que han alcanzado es un ejercicio de búsqueda permanente, un esfuerzo por salir de la zona de confort. La humildad como valor base en el que asentar el desarrollo de la empresa será la clave que nos permita lograrlo, siendo por tanto conscientes que conforme más se sabe más queda por saber. Lo contrario es permanecer en las altamente peligrosas ignorancia y autocomplaciencia.

Ya sabes desde donde partes y lo que puede ser una primera versión de tu nueva hoja de ruta. Ahora ya sabes: a hacer que las cosas ocurran. ¿Te atreves a romper tu techo de cristal?

 

 

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