Hacer el bien es rentable e imprescindible para ser sostenible

8 May2018

08/05/2018

¿Se pueden sostener empresas sólo bajo el enfoque de la rentabilidad? La necesidad de impregnar la propuesta de valor de consciencia social es una más que comentada tendencia empresarial. No paramos de escucharlo desde hace un par de años pero, ¿sabemos cómo hacerlo para generar mejores resultados económicos y de manera sólida en el tiempo?

Desde la revolución industrial, el modelo de crecimiento que hemos “aprendido” durante el siglo XX, y que hoy se enseña en los mejores masters y escuelas de negocio del mundo, se han ido desarrollando todas las herramientas de gestión y metodologías necesarias para poder disponer de una base que permita desarrollar modelos de negocio rentables. Todas estas prácticas de gestión se han basado, de una manera muy relevante, en utilización de recursos (humanos, económicos, materiales,….) y su posterior transformación en recursos rentables y eficientes que nos permitan para asegurar y maximizar la rentabilidad de las empresas. Estrategias de marketing, metodología de mejora de procesos, modelos organizativos, herramientas de control de gestión, implantación de tecnologías, proyectos de innovación… son ejemplos que todos los días implantamos en nuestras empresas.

A la par, y siempre por detrás de la realidad económica y empresarial, se han ido desarrollando reglamentaciones que imponían a la empresa el respeto de determinadas cuestiones laborales, medioambientales, mercantiles, impositivas…. siendo la última que ha aparecido en escena “el compliance”, como derivado de la crisis económica, financiera y social de la que, todavía hoy, nos estamos recuperando. Se presenta el compliance como una nueva obligación externa para que las empresas desarrollen modelos de gestión adecuados.

En paralelo, se han ido desarrollando determinadas políticas de RSC, incluso la colaboración y/o creación de fundaciones para el despliegue de acciones de impacto social. Las primeras, en muchas ocasiones, más con un componente “estético” que “real”, y las segundas, con el objetivo de derivar parte de los resultados a acciones que permitirán devolver a la sociedad lo que ésta le ha permitido ganar. Yéndonos a los extremos, podríamos llegar a desarrollar modelos de negocio de una legitimidad muy border line (tanto de desde una perspectiva legal, como de valores o de ética incluso) y poder derivar parte de los resultados a acciones sociales para “limpiar” la consciencia si nos valemos de estas políticas. Podemos no pagar impuestos, no cumplir con la legalidad medioambiental, explotar mano de obra, engañar en la venta de determinados productos-servicios,… y luego contribuir con fundaciones y planes de RSC. Puedo pecar si después pago por mis pecados. Pura cuestión de dinero.

En un mundo desarrollado como el actua, en el que muchas de las reglas que hasta ahora habían funcionado están desapareciendo; en el que modelos de negocio que parecían eternos ya no existen o están en verdadero entredicho (y todos tenemos en la mente varios), o incluso algunos de los que han aparecido recientemente y que no respetan ni integran en su propuesta de valor, las nuevas reglas sociales que se están imponiendo progresivamente, están en riesgo. Amazon con su devastadora actividad y cuestionable pago de impuestos, Facebook rompiendo la seguridad de su sistema y por tanto la confianza,… son ejemplos de compañías que no están exentas de estas nuevas reglas del mercado.

Cada vez se habla más de reducir el impacto medioambiental, bajar la huella de carbono, desarrollar planes de igualdad-paridad, políticas de desarrollo y formación de los trabajadores, planes de seguridad, implantación del compliance officer… un sinfín de reglas externas impuestas que, desde una perspectiva económica, son impedimentos al desempeño de los negocios y una merma de su rentabilidad y sostenibilidad.

A partir de esta realidad, desde la perspectiva purista de gestión empresarial, la podemos ver como una imposición y por tanto como un coste, o realmente integrarla en la propia propuesta de valor de la empresa, en su gestión, en la razón de ser de la empresa y por tanto en su visión empresarial. Sin duda esta última es única que podrá actuar como palanca de crecimiento, de rentabilidad y de sostenibilidad.

Ser una buena empresa no es una elección, es una verdadera necesidad para generar rentabilidad y sostenibilidad. Buena empresa por disponer de las mejores prácticas de gestión, de las mejores tecnologías, de los mejores procesos y empresa buena por la coherencia entre los valores que se comunican y los que se practican, de las mejores personas. Alcanzar esta excelencia en la gestión es el reto de las empresas que quieran sobrevivir en el s. XXISer una buena empresa no es una elección, es una obligación para generar rentabilidad y sostenibilidad. Clic para tuitear

Es imprescindible integrar la actividad empresarial de razones económicas y sociales en todo lo que se hace, una miscelánea de ambas, pues ya no pueden ser agua y aceite. Es necesario desarrollar una visión empresarial que esté impregnada de una vocación que transforme la sociedad, lo que se denomina MTP (massive transformative propousal), que se despliegue una gestión por valores y que haya coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Sólo de esta forma lo externo será mero trámite que habrá que documentar, pero no una imposición en sí mismo.

Cuáles son los criterios para el despliegue de una correcta MTP :

1. Tiene un propósito: ¿Por qué hacemos lo que hacemos?, ¿por qué existe la organización?, ¿para qué existe?

2. Resume, simplifica y generaliza lo que la empresa ofrece al mercado.

3. Es aspiracional: no lo que se hace, sino lo que se quiere lograr.

4. Se orienta al corazón y a la razón (imaginación y ambición).

5. Comunica tanto internamente (a la organización) como al exterior (sociedad).

6. Busca transformar SOCIALMENTE una industria, un mercado…

Esta forma de hacer y de ser, lleva a la empresa a ser un lugar mejor en el que trabajar, y con quien trabajar; permite el despliegue real de una mejora continua e innovación en la empresa, atrae al mejor talento y fideliza al cliente; mejora los márgenes y por tanto la rentabilidad y la capacidad para seguir invirtiendo. Gracias a la MTP la empresa entra en una espiral positiva que se retroalimenta y coge velocidad, pudiendo llevar a la organización a un lugar del que ni siquiera hoy somos conscientes, el verdadero desarrollo de la serendipia. La MTP nos lleva, necesariamente, a descubrir nuestra América.

Así es como lo entendemos en Improven desde nuestra experiencia en el mundo de la gestión, desde hace ya casi veinte años. Veinte años en los que hemos aprendido de múltiples situaciones y experiencias de modelos de negocio que ya existían y que lo siguen haciendo hoy, y también de los que, desafortunadamente, han dejado de existir.

¿Te atreves tú a subirte a este viaje? Sin duda es, en mi opinión, un camino que incrementará tus posibilidades de éxito. Así al menos lo ha sido en aquellos casos en los que lo hemos implementado… 😉

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Comentarios

  1. Enhorabuena por el artículo, Sergio. He disfrutado mucho leyéndolo. Ya sabes que muchas personas sufrimos de un feo hábito, y es que aplaudimos las posturas que coinciden con la nuestra, porque encontramos los argumentos con los que nos sentimos identificados. Te agradezco las reflexiones que compartes en el artículo y estoy seguro que cada día más empresarios y directivos entenderán la gestión de las organizaciones de esta manera.

    1. Muchísimas gracias por tu feedback! Lo valoro muchísimo porque si lo dices es porque lo sientes de verdad. Creo que es responsabilidad de cada uno de nosotros asumir el reto de hacer empresa de este modo, solo así podremos cambiar entre todos nuestro entorno y construir así una mejor sociedad. Depende de nosotros, de la voluntad de cada uno. Un abrazo y gracias por compartirlo

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