Nunca olvides cual es la esencia de tu propuesta de valor

28 May2015

Imaginémonos que somos capaces de viajar en el tiempo y situarnos en una noche del mes de junio del año 1914. Acaban de asesinar al archiduque Francisco Fernando de Austria. Se está cociendo la primera guerra mundial y nos encontramos a un ávido lector de un periódico intentando conocer de primera mano las noticias, para saber qué va a pasar en Europa. ¿Qué buscaría en esa lectura? No es difícil imaginar que querría información lo más veraz posible, actualizada, fresca y creíble que le ayudase a hacerse una composición clara de lo que estaba pasando. Sigamos visualizando el momento, ¿cómo estaría leyendo? Podríamos suponer que usaría una lámpara con velas cerca para que le diera suficiente luz.

Demos un salto en el tiempo y volvamos al momento actual, visualicémonos una noche cualquiera leyendo las noticias sobre la guerra en Ucrania con una Tablet, sentados en el comedor de casa con las luces encendidas en el techo y una lámpara junto a nosotros. Parece mentira que hayan pasado 100 años y en el fondo no han cambiado muchas cosas (para bien y para mal). La esencia es la misma, lo que sí ha cambiado es el cómo se hacen esas cosas.

La guerra, la prensa, la luz. La esencia de todo ello es la misma, pero los medios a disposición para desarrollarla son radicalmente diferentes. La guerra busca la supremacía, el control, el poder por mantener unos criterios, una forma de entender la vida, unos valores, una cultura sobre otras, sin embargo cómo se hace la guerra ha cambiado por completo. La prensa busca la información veraz, fresca, creíble, pero ya no es indispensable recurrir al periódico de papel para mantenerse informado. La luz mejora la calidad de vida, nos facilita la noche, da seguridad, cobijo,… pero ya nadie usa velas para eso. Nada de la esencia de todo esto ha cambiado. [inlinetweet prefix=»Improven» tweeter=»Improven» suffix=»Improven»]No cambia el “¿para qué?” (La propuesta de valor) ni los valores asociados, cambian los medios que los soportan[/inlinetweet].

¿Qué suele ocurrir entonces? Con el paso del tiempo esta esencia se olvida y la empresa que daba luz fabricando velas, o la prensa que daba noticias imprimiendo periódicos, va[inlinetweet prefix=»Improven» tweeter=»Improven» suffix=»Improven»] creyendo que el ¿cómo? (modelo de negocio) es su ley motive empresarial por encima del ¿para qué?[/inlinetweet]. La preocupación pasa pues a “¿cuánto tengo que vender para pagar lo que soy?” en vez de “¿cómo debo ser para mantener viva la esencia?”. Esto es el principio del fin.

La fábrica de velas o la imprenta puedo hacerlas lo más eficientes posible, aplicar las últimas técnicas de Lean Manufacturing, incorporar los mejores cuadros de mando, desarrollar las mejores estrategias de marketing,… pero de poco nos servirán conforme cambien las tecnologías asociadas, o los hábitos de los consumidores en cómo resuelven su necesidad básica de iluminación, información,… La visión corto placista y resultadista nos puede llevar a una muerte lenta y ordenada. Seremos los muertos más arreglados del cementerio.

Hoy en día estos cambios no ocurren en 100 años, ni en 10 años. Es todo más rápido, más dinámico, más complejo, por lo que estar atentos al entorno,[inlinetweet prefix=»Improven» tweeter=»Improven» suffix=»Improven»] incorporar al ADN empresarial la observación permanente de lo cercano y de lo lejano se convierte en una máxima de supervivencia[/inlinetweet]. De este modo somos capaces de detectar de manera rápida oportunidades para evaluar donde focalizar los siempre recursos escasos, directamente relacionadas con la esencia. Debiendo ser lo más eficiente posible a la par que flexible en el resto de recursos necesarios para ejecutar el resto de operaciones.

Sólo de manera temporal puedo entender que como empresa parte de estas actividades se pueden internalizar, por disponer del volumen de actividad que permite saturar estos recursos, siendo consciente que debo tener capacidad para eliminarlas llegado el caso. Esto supone la necesidad de un incremento considerable de la flexibilidad interna de la empresa así como de la externa, llevada a cabo a través de la colaboración abierta con terceros, que tienen la capacidad actualizada y necesaria para desarrollar lo que en un momento concreto necesito como empresa debido a los requerimientos del mercado.

Reflexiona con tu equipo el ¿para qué?, destilando al máximo la respuesta y de este modo tomarás consciencia de cuál es tu aporte de valor. De este modo podrás identificar realmente ¿cómo? debes ser y donde focalizar tus recursos escasos (talento, dinero, inversiones,…).

¿Eres consciente de la esencia última que cumples con tu quehacer (modelo de negocio), o se te ha ido olvidando con el tiempo? Los valores con los cuales saliste al mercado, ¿se han mantenido o también se han ido diluyendo en el sueño de los justos? Ser consciente de estos dos elementos y ser capaces de mantenerlos en el tiempo es lo que permite dar sostenibilidad a la empresa.

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