El ciclo de vida de las empresas las lleva a sufrir diferentes situaciones a lo largo de su desarrollo. Muchas de ellas son empresas familiares y otras tantas son corporaciones industriales, grupos empresariales, grandes compañías cotizadas o multinacionales. En el mundo de las empresas familiares, aproximadamente el 25% pasarían a la segunda generación y entorno a un 10% llegarían a la tercera. Estos porcentajes son, sin duda, llamativos.
Dentro de su proceso de desarrollo natural, algunas empresas evolucionan con éxito y van creciendo en su negocio(en mercados nacionales o internacionales), algunas defienden una posición estable en un nicho de mercado. Dentro de las empresa que no llegan a la tercera generación, existen múltiples situaciones: algunas tienen que cerrar/liquidar, otras se mantienen inactivas, otras marchan sin rumbo hasta que (si no han devaluado mucho su negocio) son objeto de una absorción o fusión, otras intentan sin éxito ser vendidas… y sin embargo, otras, de forma exitosa y optimizando el valor del patrimonio familiar, cambian de manos dentro de un mercado no organizado de compra-venta de empresas, y otras tantas intentan sin éxito ser vendidas.
Pero, ¿cómo debe el empresario propietario planificar un proceso de venta de su Compañía si quiere estar dentro de ese grupo más limitado de empresas que consiguen ser atractivas para un tercero (comprador) que termina invirtiendo en la Compañía y pagando una cantidad de dinero determinada al propietario vendedor?
En este artículo, haremos referencia a empresas no cotizadas, generalmente familiares y con una cifra de facturación superior a los 10 millones de euros cuando nos refiramos a empresas o compañías. En España se producen en la parte media del ciclo económico unas 800 transacciones de compra-venta de empresas cada año para este tipo de compañías.
En general nos encontramos en el mundo de los negocios con empresarios o propietarios de empresas que en algún momento se convierten en “vendedores de empresas” y no suelen planificar con antelación los procesos de venta de sus compañías.
Lo que la mayoría de los empresarios o propietarios-gestores nos dicen y piensan es que su trabajo está en desarrollar el negocio, potenciarlo y hacer crecer su rentabilidad y el cash flow de la empresa, y no en planificar la salida del negocio. Esta situación, siendo a priori normal, llama la atención si se tiene en cuenta que en la mayoría de las ocasiones los empresarios tienen su principal fuente de ingresos y de generación de patrimonio en su negocio o empresa, y que la puesta en valor efectiva más importante de esa inversión se pone de manifiesto con la venta del negocio.
Al final, la inversión que mantiene el empresario en su empresa/negocio debe ser considerada como una inversión en renta variable no cotizada y como tal, el inversor deberá saber cuándo tiene sentido salir o deshacer esta inversión, qué rentabilidad le está dando la inversión, cuál es el impacto fiscal sobre los rendimientos y las plusvalías…. Sin embargo, la dos grandes diferencias de este tipo de inversiones, que suele confundir en ocasiones al empresario-inversor, se basan por una parte en que este tipo de inversiones tiene unas connotaciones emocionales asociadas al sentimiento de propiedad y de gestión de un negocio y por otra parte representan un porcentaje significativo de su distribución total de activos o de riqueza (asset allocation) de éste.
Una vez asumida esta premisa y controlada la parte más emocional de este tipo de inversión, para convertir el valor de unas acciones en el capital de una empresa no cotizada en cash se requiere una cierta planificación si pretendemos enfocar bien el proceso y asegurar una mayor probabilidad de éxito. Esto es debido a que la venta de una Compañía no debe ser interpretada simplemente como un hecho sino que debe enfocarse más desde la perspectiva de que se trata de un proceso que permite alcanzar unos objetivos o intereses al empresario mediante una salida o venta de la compañía.
Por lo tanto, este proceso para salir/desinvertir de un negocio/compañía es un reto igual de importante que lo es construir una compañía de éxito y mantenerla con un adecuado nivel de competitividad en el mercado, incluso en ocasiones es una tarea más difícil por diversas circunstancias. La preparación para abordar esta salida o desinversión del negocio determina la probabilidad para conseguir los objetivos y el valor adecuado o la consolidación del valor patrimonial del negocio.
El mercado de vendedores de empresas se reparte entre actores más pasivos como el del empresario que vende su empresa sin planificar la venta a un competidor internacional (quizás cotizado en alguna bolsa) que contacta con el empresario para hacerle una propuesta de adquisición del 100% del capital o el del empresario que tiene un negocio realmente ilíquido que no va a poder vender con éxito a un tercero o aquel que le vende a otro socio su participación en unas condiciones y dentro de un proceso más personalista, ….y actores más activos como el empresario que invita a su capital a un fondo de capital riesgo en una operación de growth capital que permita desarrollar el negocio llevándolo a un estadio superior e intentando optimizar el precio de venta en una salida posterior conjunta con el fondo de capital riesgo o el que diseña una estrategia adhoc para salir al mercado de forma ordenada a vender la compañía y puede incluso permitirse plantear un proceso de subasta competitiva con varios compradores o inversores…. En general, abundan los primeros y los segundos suelen ser un grupo más reducido.
En cualquier caso podrán existir procesos de planificación de la salida o desinversión más complicados que otros por diferentes motivos como por ejemplo, si existen varios grupos de accionistas en el capital de la empresa o es un único propietario o rama familiar propietaria, si existe un camino alternativo que posponga la venta basado en dar continuidad al negocio con la gestión de siguientes generaciones…

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