¿Necesita tu empresa un plan de reestructuración?

19 Ene2021
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6 claves para saber si tu empresa necesita un plan de reestructuración

Durante el último año, la inmensa mayoría de lo empresarios se han visto obligados a tomar decisiones en sus empresas de una manera rápida, y en demasiados casos, improvisada.

No había un plan claro más que aguantar y sobrevivir. La incertidumbre hacía que las decisiones a tomar fueran muchas veces las menos malas (o lo que parecía menos malo en ese momento).

Seguramente, una pandemia no es algo que aparezca en un mapa de riesgos como algo realista, ni había un plan de contingencia preparado para esto.

Pasados uno meses, y tras una evaluación de daños, está claro que nos enfrentamos a un escenario imprevisible y de una duración indeterminada.

Durante este tiempo ha habido empresas que han hecho sus deberes, pero muchas esperan que la situación se recupere simplemente, confiando en que su cuenta de resultados vuelva a ser la que era el 12 de marzo de 2020.

Y la mala noticia es que es muy probable que eso no sea así.

El país está en una situación complicada a nivel económico y sanitario

La demanda de bienes de consumo en general ha descendido. Hay sectores estratégicos como el de automoción y el turístico que han sufrido descensos nunca vistos, muchas empresas sobreviven como zombis gracias a los fondos de liquidez del ICO gubernamentales y hay gran cantidad de trabajadores en ERTEs, muchos de los cuales, desafortunadamente terminarán en EREs.

Las ayudas europeas paliarán algo esta situación, pero es indudable que se acercan tiempos duros para las empresas y para la sociedad española.

La obligación de las empresas es asumir esta situación y gestionarla de la mejor manera. Para ello, el primer paso es ser realista y tener un plan de actuación contundente y regulable para los peores escenarios.

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Principales alarmas a detectar

Una de la principales dudas acerca de los planes de reestructuración es cuándo empezar a definirlo.

Es esencial tener claras las principales alarmas que nos deben avisar de que estamos en una situación peligrosa:

  1. Impacto en el sector

    Si las empresas del mismo sector están atravesando problemas, es fundamental conocer si podemos terminar en la misma situación.

    Por ejemplo, en la crisis inmobiliaria de 2008, algunas empresas continuaban vendiendo pisos por características específicas de su nicho (vacacionales, en lugares muy privilegiados con mucha demanda local…) pero luego entraron en crisis como el resto del sector.

  2. Impacto en tus clientes o en los clientes de tus clientes

    Es el principal termómetro a medir. Otro ejemplo en la misma crisis fue la de las empresas de materiales de construcción. La inmobiliaria contrataba a la constructora que contrataba la empresa de materiales. La crisis empieza en el primer eslabón, pero va transmitiéndose retrasada según el ciclo de cada uno de ellos (venta de pisos, certificaciones de obra…).

  3. Escasez o sobreoferta de suministros

    En muchas ocasiones, fluctuaciones en la oferta provocan excedentes o escasez de producto ofertado, lo que incide en su precio y en la accesibilidad a ese insumo. Puede ser un síntoma de una crisis. Por eso uno de los principales objetivos en la gestión de crisis es asegurar el suministro

  4. Descenso de ventas o, mejor en la cartera de pedidos.

    Cuando notamos esto, la crisis está muy cerca. La monitorización de la cartera de pedidos (sobretodo si hay decalaje entre la entrada de pedidos y la facturación) es el indicador clave para redimensionar la empresa.

  5. Impacto en la cuenta de pérdidas y ganancias

    Este es evidente y consecuencia del anterior. Es el indicador más importante para el medio y largo plazo (que en una crisis hablamos de 6 meses), ya que demostrará que entramos en punto de equilibrio. Debemos reevaluar por tanto todos los costes variables y fijos y ponerlos en duda para renegociarlos o/y reducirlos.

  6. Complicaciones en la caja

    La tesorería va a ser el verdadero testigo de la buena gestión de la crisis. Es lo que debemos defender a toda costa, muchas veces por encima de los resultados de la cuenta de pérdidas y ganancias. La verdadera gasolina de la empresa es la caja, los cobros, la tesorería, como lo queramos llamar.

    Debemos mantenerla viva y con margen de actuación cuando estamos en tiempos de inestabilidad ya que va a ser lo que nos va a limitar a la hora de tomar decisiones drásticas.

De hecho, entrar con caja en una reestructuración es fundamental para la toma de decisiones rápidas (reducción de gastos, resolución de contratos…) y previsiblemente necesarias en momentos difíciles.

Para ello, (y no solo en tiempos de incertidumbre), es básico disponer de una muy buena previsión de cobros y pagos para no llevarnos sorpresas, y, si se acercan curvas, mejorar la gestión de cobros y pagos y reducir existencias y asegurar la disponibilidad de financiación (a corto, y sobre todo estructurar la deuda a largo plazo para no depender de financiación a corto que nos puedan retirar).

Principales focos a tener en cuenta

Estos son los principales focos que debemos tener encendidos a la hora de captar potenciales problemas en nuestras empresas para tomar las decisiones que a ninguno nos gusta tomar, pero que responsablemente debemos valorar en las empresas, y más en situaciones complicadas.


Después de estas claves ¿crees que tu empresa necesita un plan de reestructuración?

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