Cambios de estrategias en empresas familiares

10 Nov2016

Me siento a escribir este artículo y me pregunto, ¿cuando no hay cambios en vuestras empresas? Este es el sino de un negocio familiar que quiere perdurar, que quiere cambiar, adaptarse, amoldarse a las circunstancias, a las personas.

Una empresa familiar tiene que evolucionar con su entorno y con las necesidades que les envuelven pero, cuidado, la palabra cambio tiene que ir de la mano de otros términos tales como valores, sentido común, estrategia, preparación, asesoramiento, experiencia, aprendizaje y por supuesto desaprendizaje… Porque saber gestionar el error es una de las grandes claves de la supervivencia.

Ahora bien, debemos ser cautos, porque cuando el cambio lo asociamos a “cualquier tiempo pasado fue peor” o a “que todo el mundo sepa que he llegado” puede que entonces el peor de los enemigos lo tengamos dentro de nosotros.El ego nos impide ver una evidencia: si estamos ahora mismo llevando las riendas de la empresa es porque antes alguien o muchos han trazado un intenso camino y han sido capaces de superar muchos baches, incluso nosotros mismos, y esto nunca debemos olvidarlo. No hay nada peor que estar ciegos de ego.

No hay nada peor que estar ciegos de ego. Clic para tuitear

Si pensamos en la noticia que salió publicada hace dos semanas sobre el imperio de Mango tal vez se haga mas evidente lo que trato de explicar: «Un imperio familiar como el de Mango apuesta por un cambio generacional», seguramente uno de los pasos mas relevantes en las empresas familiares. En dos años Mango pasa de los 107 millones de euros de beneficios a los 4 millones, lo cual supone una caída del 96%. Una cifra INSOPORTABLE. Una cifra que difícilmente se escapará en breve del negativo. Supongo que os preguntareis…¿Qué ha sucedido? Las explicaciones que se ofrecen no son nada convincentes y lo único que hacen es justificar que se ha cometido un error, un error muy caro. Y, precisamente el miedo a cometer una equivocación es el que lleva a muchos a la acción contraria: la inacción. Y puestos a decidir… ¿qué será peor? ¿Equivocarse o quedarse de brazos cruzados esperando que el tiempo decida por nosotros? ¿Puede ser que precisamente en ocasiones esa inacción sea la equivocación? Nuestra empresa es la suma de ambas actitudes: es el resultado de las decisiones que hemos tomado pero también de las que no hemos tomado.

Por ello,en Improven cuando ayudamos a empresas familiares siempre les transmitimos la necesidad de aprender rápido, decidir rápido y fallar rápido. Es preciso observar el entorno para aprender rápido, decidir y reaccionar más rápido todavía, sobre todo cuando se tenga que corregir el rumbo. Y a veces esa reacción implica aprender a matar el proyecto y decir no. Cuidado con ese ego que no nos deja ver que en ocasiones, la única opción es aceptar que no hay más. Nuestro ego nos lleva a obsesionamos con el “Yo tengo que sacar esto adelante, sea como sea”, sin darnos cuenta muchas veces de que lo único que estamos consiguiendo es multiplicar los problemas de nuestra empresa. Es difícil ser capaz de tomar la decisión de decirle adiós a ese proyecto que ha dejado de tener sentido, es difícil reunir el valor para hacerlo. Y mas difícil es aún cuando esa decisión implica despedir a un familiar o al profesional que lleva en la empresa media vida. Si no lo hacemos, sencillamente estaremos cavando la tumba de nuestras empresas. Debemos saber que liderar supone tomar decisiones, y en las empresas familiares precisamente por estos vínculos hacerlo se torna en mucho mas difícil.

En Improven cuando ayudamos a empresas familiares siempre les transmitimos la necesidad de aprender rápido, decidir rápido y fallar rápido. Clic para tuitear

Sé que suena muy duro, pero en nuestra opinión el proyecto empresarial está por encima de las personas. Estamos para servir a la empresa y no para servirnos de ella. Otra cosa es cómo hacer que nuestros valores nos guíen para gestionar lo mejor posible una situación tan complicada como lo es el decirle a alguien “tú ya no cabes”. Hay que hacerlo bien, pero hay que hacerlo. El problema es que no estamos educados para ello, no estamos preparados para afrontar estos incómodos retos. Unos retos que son verdaderos handicaps en la empresa familiar. Por ese motivo, en ocasiones lo más inteligente es dejarse ayudar por profesionales externos, con una visión objetiva, una visión no enturbiada por miles de emociones, sean capaces de establecer cual es la mejor de las opciones.

Pero no seamos dramáticos, las empresas familiares tienen por otro lado grandes ventajas frente al resto. Ellas son capaces de conseguir de una manera mas sencilla el equilibrio perfecto entre los valores (las formas) y el balance (la inversión a largo plazo), entre la esencia de la empresa y los resultados. En una empresa familiar no cabe la especulación directiva. Aquí no caben directivos de paso, aquí sólo cabe el compromiso, pues la empresa familiar está asociada a un apellido, a una reputación, a unos valores, a una historia. Y esa historia ha de seguir escribiéndose, pero no a cualquier precio ni con cualquiera al mando. Ni siquiera tratándose de nuestro hijo. Y si no que se lo pregunten a Mango.

Debemos de ser más inteligentes y generosos, tanto como para ceder nuestro proyecto a un tercero (familiar si esta preparado), o a un profesional para que lo gestione y que sea él quien cuide “la cuenta de resultados”. La propiedad debe velar para que perdure todo aquello conseguido, pero en ocasiones las nuevas coyunturas hacen que la opción idónea sea elegir a un profesional experto y que sea él quien se enfrente al día a día de la cuenta de resultados, y de este modo la familia se dedique a asegurar que las cosas se hacen de acuerdo a sus valores, dando tranquilidad en cuanto al balance para buscar la rentabilidad en el largo plazo.

Y tú, ¿tienes decidida ya cuál es tu estrategia?

Si te ha gustado el artículo compártelo y déjanos tus comentarios. Nos encanta saber tu opinión!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *