Ser fiel al ADN impacta en el EBITDA

12 Feb2018
inmobiliario, consultoría empresas

Nos hemos encontrado con muchas empresas que olvidan su historia o subestiman el valor emocional de la herencia recibida:  cómo empezaron, los sueños, ilusiones y temores de su fundador, así como la contribución de propietarios, directivos y empleados a lo largo de los años; para forjar los valores, una forma de hacer las cosas e identificar un faro en el que fijarse para trazar el rumbo.  

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Estos conceptos, que no son otros que los valores, la misión y la visión de la empresa, son articulados y verbalizados por una enorme mayoría de empresas, con una mera descripción racional del negocio, producto o servicio ofrecido; aderezado con top tipo de ingredientes adicionales a modo de sustantivos y adjetivos bien sonantes o en boga, como “compromiso”, “soluciones”, “vocación de servicio”, “tu partner”, “dinámicos” etc. Esta descripción acaba ocupando un espacio en la página web corporativa sin que la propiedad y dirección lo recuerde, los clientes se lo crean y los empleados lo interioricen y vivan. 

Lo paradójico de esto es que las empresas no le dan la importancia que se merece mientras que para la sociedad actual los valores están cobrando cada vez más relevancia y exige a su vez que una empresa se rija por un cometido social o emocional, y abogue por el desarrollo sostenible. Esta humanización de la empresa hace que las palabras de Albert Einstein puedan ser aplicadas al mundo empresarial: “No trates de convertirte en una persona de éxito, sino una persona de valores”. En el mundo de la empresa el éxito puede ser efímero. En cambio, el no ser fieles al ADN tiene, o acabará teniendo, un alto coste de oportunidad, al menos en términos de:

  • Coherencia y consistencia en las acciones a tomar por la compañía, pues como decíamos antes, estratégicamente la visión de la compañía debería ser el faro que ayude a trazar el rumbo de la empresa.
  • Crecimiento sostenible, ya que la conexión emocional con el cliente final hará que este empatice y sea más fuerte y duradera, trascendiendo o influenciado al mero acto mercantil.
  • Rentabilidad, pues la propuesta de la empresa y, en última instancia, de las marcas del portfolio, adquieren un componente emocional intangible que hace que el producto o servicio adquiera más valor y, por tanto, un incremento en precio quede justificado. Es lo que en términos “marketinianos” se conoce como “equity” de marca.
  • Atracción y retención del talento, porque si los empleados comulgan con el aspecto emocional de la empresa, tendrán una poderosa razón por la que levantarse cada mañana y contribuir al negocio. De la misma forma, eso debería ayudarnos a reclutar mejor ya que, además de los aspectos más técnicos, la identificación de valores comunes en los postulantes nos ayudará a procurar y garantizar un mejor encaje de los mismos.
Si los empleados comulgan con el aspecto emocional de la empresa, tendrán una poderosa razón por la que levantarse cada mañana y contribuir al negocio Clic para tuitear

Porque no es lo mismo trabajar para un buscador de internet que “organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil” (Google); tampoco es lo mismo hacer una enciclopedia en internet que dar “acceso gratuito a la suma de todo el conocimiento humano” (Wikipedia); ni trabajar para una red social o “hacer del mundo un lugar más abierto y conectado” (Facebook).

En términos de negocio se pueden vender zapatos y ropa deportiva de alta calidad o “traer la inspiración y la innovación a todos los atletas del mundo. Si tiene un cuerpo, es un atleta”. La empatía desarrollada con los “runners” amateurs y la justificación emocional del precio de los productos de NIKE, garantizan el crecimiento sostenible de la compañía y una alta rentabilidad. Toyota por su parte no habla de vender vehículos en su visión, sino de “liderar el camino hacia el futuro de la movilidad enriqueciendo las vidas alrededor del mundo con las formas más seguras y responsables de mover a la gente”.

Otras empresas llevan su ADN y creencias hasta el punto de materializar fehacientemente en el producto su compromiso con la sociedad. Es el caso de los relojes de madera WeWood, que plantan un árbol por cada reloj vendido. O Sea2see, gafas de sol fabricadas a partir de desechos plásticos recogidos del mar.  

Quizás sea el momento de dejar de vender viviendas, pintura, azulejos, sanitarios, etc. para empezar a construir hogares, símbolos de independencia o bastiones para la relajación.  O empezar a ver cómo cierro el ciclo de mi producto facilitando su reciclaje. Tus clientes, empleados y cuenta de resultados te lo agradecerán. 

 
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